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Los órganos internos de los peces tienen adaptaciones acuáticas como las branquias, cuya misión es extraer el oxígeno del agua, y una vejiga natatoria, que permite ajustar la flotación a los diversos niveles.

El sistema circulatorio de la mayoría de los peces es sencillo; está formado por un corazón con dos cámaras que impulsa la sangre hacia adelante, en dirección a las branquias, desde éstas hacia la cabeza, y desde aquí al resto del cuerpo a través de una gran arteria situada debajo de la espina dorsal. El ritmo circulatorio es inferior en los peces que en otros vertebrados.
 


La necesidad vital del oxígeno.

La necesidad de obtener el oxígeno, que requieren tanto como cualquier otro ser viviente, plantea a los peces problemas especiales que han sabido resolver los de maneras no menos especiales. Desde luego su fuente primordial de oxígeno la constituye el agua que les rodea, y su aparato respiratorio fundamental está en sus branquias. Pero si el agua es de suficiente oxígeno , pueden emerger a la superficie, y en forma limitada, tragar aire como cualquier animal terrestre.

Unos peces tiene mecanismos respiratorios auxiliares además de sus branquias. Los dipnoos usan la vejiga natatoria como saco respiratorio. Otras especies como los betas y los trepadores, almacenan aire en cámaras situadas sobre las branquias. El saltarín conserva en la boca una burbuja de aire y un poco de agua, cuando se aventura a salir de la charca en busca de alimento.