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Para los peces, como para los seres vivos, la reproducción de la especie solo cede en prioridad a la alimentación y a la supervivencia. En el mundo acuático resulta bastante fácil para casi todas las especies, pues al llegar el momento oportuno, macho y hembra solo tienen que soltar en el agua sus huevos y su esperma, para que la fecundación ocurra.

 

Los peces tiene diversos mecanismos de reproducción. Aunque la heterosexualidad es el más común, algunas especies son hermafroditas (es decir, sus miembros desarrollan tanto ovarios como testículos, bien en fases vitales distintas o simultáneamente). Algunas especies de rapes exhiben parasitismo sexual; en este caso, el macho se fija sobre el cuerpo de la hembra de forma permanente, obteniendo su alimento del sistema circulatorio de ésta.

 

Los peces ovíparos son los que ponen huevos, que son fecundados en el exterior del cuerpo de la hembra; en estos casos, el desarrollo de las crías es también externo. Las especies que dispersan sus huevos en el agua producen a menudo cantidades prodigiosas de ellos. Un único bacalao, por ejemplo, puede producir hasta 7 millones de huevos. Otros peces ovíparos, como el salmón del Pacífico, pueden efectuar notables migraciones de regreso a su lugar de origen para desovar. La atención familiar tras la puesta puede estar totalmente ausente, o ser muy elaborada, lo que implica la defensa del territorio o del nido. En la amia y algunos cíclidos africanos, los peces jóvenes penetran en la boca de uno de sus progenitores para huir de la amenaza de los depredadores.

 

Los peces vivíparos presentan fecundación interna y alumbran las crías en un estado de desarrollo avanzado. El viviparismo se ha dado a menudo entre los peces y perdura en el tiburón, el celacanto y algunos peces de acuario como el gupi. Hay diversos mecanismos para proporcionar nutrientes a los embriones, que pueden multiplicar hasta mil veces su tamaño antes del alumbramiento. Ciertas especies son ovovivíparas, lo que quiere decir que las crías salen del huevo en el oviducto de la hembra y, por tanto, nacen vivas.

 

En los pequeños ciprínidos de comportamiento no territorial, como la bermejuela, que no construyen nido, los machos rodean a la hembra mientras uno de ellos se coloca a su lado agitando la cabeza de un lado a otro. El grupo de machos formado conduce a la hembra hacia la vegetación de las orillas tocándole el flanco con el hocico y dando coletazos tanto dentro del agua como fuera. Al llegar a la vegetación la hembra expulsa los huevos mientras los machos compiten por rociarlos con su esperma.

 

En los salmónidos, que exhiben comportamiento territorial, la hembra selecciona para la freza o desove lugares con el fondo de gravilla o grava, culminando este acto con el enterramiento de los huevos entre las partículas del lecho, en el nido. Para construir el nido, los salmónidos sacuden su aleta caudal sobre el fondo abriendo un hueco en el lecho del río en el que cabe longitudinalmente la hembra. Este trabajo puede llevarle al macho varias horas, aunque en el salmón del Atlántico es la hembra la que construye esta depresión. A continuación, la hembra se instala en el nido para expulsar los huevos, a lo que el macho contribuye estimulándola al frotarle el costado. Al tiempo que la hembra expulsa los huevos el macho los fecunda emitiendo esperma. Con frecuencia, en esta operación participan 2 o 3 machos. Después, la hembra recubre los huevos con la gravilla que quedó a los lados del nido. A partir de este momento los huevos se abandonan a su suerte, no existiendo ningún tipo de cuidado parental.

 

En otras especies territoriales, como el espinoso, el macho construye un nido esférico de fragmentos vegetales cementados con una sustancia viscosa segregada por los riñones donde la hembra, tras la exhibición del macho ante la hembra en un ritual de cortejo muy elaborado, se introduce y deposita los huevos. A continuación, el macho entra en el nido y fecunda los huevos. En esta especie sí se produce cuidado parental y es el macho el encargado de vigilar la seguridad de los huevos y de los pececillos recién eclosionados.

 

Dependiendo de la especie, los peces, especialmente aquellos que no tienen la responsabilidad de cuidar la puesta, pueden frezar varias veces en la misma temporada reproductora.

 

El lugar donde se desarrolla el comportamiento nupcial y se realiza la puesta recibe el nombre de frezadero.